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La tristeza que dejó su padre al abandonarlo marcó la vida de Fernando Soriano del Perú. Ese dolor lo convirtió en un joven rebelde y emocionalmente muy herido.
Esos sentimientos lo hicieron irse por el camino equivocado, envidiando a todo aquel que tenÃa papá, haciendo que esa ira se mostrara en un comportamiento agresivo en la calle.
Golpeando a quien se le enfrentara, buscó la forma de escapar de su realidad. Un amigo lo invitó a consumir drogas, y esa sensación la gustó.
Fernando creció y se unió a la policÃa para luego encontrar una pareja y casarse, creyendo que esa adicción desaparecerÃa. Pero esa adicción, tomó nuevas formas. Fernando dejó la droga pero la cambió por licor.
Asà que junto con unos amigos, creó una banda que se dedicó a extorsionar y secuestrar bajo el tÃtulo de policÃa. Más adelante, eso actos lo llevaron a ser expulsado de la policÃa, lo que llevó a caer aún más bajo, porque buscando sustentar su vicio, su mundo delictivo fue creciendo.
Mientras tanto su hogar se iba destruyendo. Fernando vendió todo, hasta la ropa de sus hijos para sustentar su vicio.
Sus hijos lo veÃan drogándose, asà que el amor por sus hijos, lo hizo abandonarlos para parar su sufrimiento. Fernando habÃa tocado fondo, aquel buen policÃa habÃa desaparecido y se habÃa convertido en un pordiosero adicto a las drogas.
Asà que motivado por el ruego de sus hijos, buscó internarse, hasta 10 veces, pero nada lograba ayudarle. Más bien, llegó hasta golpear a su esposa dado su incapacidad de autocontrol.
Fernando decidió huir con su hijo bebé, y en esa huida, encontró una iglesia a la cual entró y escuchó una enseñanza de cómo las drogas acaban con la vida pero que hay alguien que puede ayudar a salir de eso. Fernando fue al frente con su hijo en brazos, se arrodilló y el pastor oró por él. En el momento que se levantó, él no volvió a ser el mismo, su vida dio un giro de 180 grados.
Fernando recuperó el respeto de sus hijos y el amor de su esposa y hoy dÃa enseña a otros sobre la palabra de Dios, y ayuda a todos aquellos que pasan lo que él vivió, sabiendo que cumple con el mandato de Dios.
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